Cuando nos acomodamos a algo, nos cuesta valorar lo que tenemos.

Nací en el año 1995. Hacía 20 años que Franco había muerto. España ya se había modernizado y adaptado a la perfección al sistema democrático. Hoy, a mis 23 años, observo como un determinado sector social habla con toda soltura del ”candado” de la Constitución. Por eso me gustaría reflexionar un poco sobre nuestra Carta Magna.

La Constitución Española fue ratificada por referéndum el 6 de diciembre de 1978, obteniendo el 87’78% de apoyo popular. Previamente, la gran mayoría de las Cortes aprobaron el texto, que había sido redactado por diputados de lo más variopinto (ideológicamente hablando). No cabe duda de que ésta norma que rige todas las demás tiene un origen plenamente consensuado y democrático: una altura de miras digna de envidiar en días como hoy. Personalmente, me quito el sombrero ante el sentido de Estado de los que contribuyeron al procesoconstitucional.

Cuando algunos se refieren al ”candado”, alegan la inamovilidad y la rigidez del texto. Parece que les gustaría poder reformarla para que no durara ”dos telediarios’, y así poder jugar sin ton ni son con lo que de ella se deriva. La Constitución es la norma suprema y debe aportar estabilidad y seguridad jurídica, por lo que necesita de mayorías reforzadas para reformarla. De hecho, en el mismo texto se contempla una reforma constitucional factible des del punto de vista parlamentario.

También suenan voces que exigen su reforma. Los partidos se presentan a las elecciones con programas electorales donde pueden plantear reformas constitucionales. Si obtienen el apoyo necesario, pueden ejecutarlas perfectamente. Hasta hoy, son las fuerzas constitucionalistas las que conglomeran a la mayoría del electorado. No es de justicia exigir lo que no apoya la mayoría. Mucho menos justo (además de ilegal) es incumplir la Ley cuando uno no está conforme con ella.

La norma suprema nos ha hecho libres. Ha permitido nuestra libertad de expresión dentro del respeto al honor y a la dignidad. Ha permitido que España se configure como una nación plenamente integrada en la Unión Europea. Ha establecido unos cánones para garantizar que toda norma garantice nuestros derechos. Con ella hemos vivido años de desarrollo económico y social. En consecuencia, hoy España es vista como una nación absolutamente democrática y moderna.

Soy militante del Partido Popular. Y lo soy en un entorno en el que no todo el que me rodea es como yo. Hablamos, debatimos y compartimos opiniones con total normalidad. Hemos dejado atrás la ideología para definirnos como personas porque hemos crecido en democracia y en libertad. Podemos querer a quien nos apetezca, vestirnos como más nos guste, rezar a quien queramos (incluso no rezar) y hablar a viva voz sobre lo que pensamos. Y no tengo duda de que todo eso nos lo ha aportado nuestra Constitución.

Cuando llegue el 6 de Diciembre, celebraré con orgullo los 40 años de libertad.

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