Ya estuvimos hace miles de años castigados con un “extra” que para la humanidad fue sin duda alguna, un palo muy fuerte. La leyenda bíblica de la Torre de Babel dice que la humanidad, queriendo construir una enorme torre cuya cúspide llegara hasta el cielo, desafió así los límites terrenales que poseía y esto causó la irá de Dios. Por eso, la Torre fue destruida y, por si fuera poco, otra sanción se impuso a todo ser humano: el desentendimiento; convirtiéndose en condena hasta el 2018 para algunos. Entonces, diversas lenguas aparecieron por todo el mundo, aislando a personas y complicando sus vidas, ya que el hombre, como “zoon politikon” que es, necesita comunicarse, pero el cómo es otra cosa.

Parece que la historia continúa, pero no hemos cometido ninguna transgresión esta vez, ni hay torre por construir; sin embargo, parece que el fantasma de ese castigo sigue entre nosotros. Tenemos, los españoles, pequeñas desavenencias con la actual lengua mundial: el inglés. Echamos un vistazo en un contexto europeo, y allí a donde vayamos, nuestra no fluida lengua inglesa deja huella. Imaginaos, un país como el nuestro, con esta riqueza cultural, histórica, culinaria y de más (lo tenemos todo, o casi todo), poder estar al nivel de una conversación, por ejemplo, entre un sueco y un holandés (pero no, nos quedamos al margen de la conversación y nos indignamos).

El inglés… que pesadilla para algunos, y que premio para otros. Idioma de la comunicación internacional, del comercio y las finanzas. Una lengua franca y el idioma oficial de muchas Organizaciones Internacionales como la Unión Europea, Naciones Unidas o la Unesco.

El idioma de Shakespeare, junto con el nuestro son dos de los más importantes, así como lo fueron y siguen siendo sus respectivos imperios. Por eso, dominar estas dos lenguas haría de nosotros bestias culturales sin barreras. Así, hoy en día es esencial capacitarse en el nivel de inglés no sólo por cuestiones laborales, pero también culturales. Una lengua, una cultura; y que mejor manera de aprender y abrir la mente que incluyendo nuevas competencias.

Quizá esta vez sí exista una torre, la torre que se llama globalización y en la que el español no debe ni puede quedarse abajo. Impulsar el inglés empezando por la educación ya se intentó una vez, pero los impulsos, malentendidos y más por “x” que por “y” no se llevó a cabo. Ahora, no importan partidos políticos, ni colores, ni disputas. España está recapacitando y está pidiendo a gritos un cambio, y estoy seguro de que se muere de ganas por gritar en inglés.

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