¿Qué les pasa a los parlamentos?

¿Qué les pasa a los parlamentos?
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Los parlamentos son los órganos constitucionales formados por representantes, que son elegidos por el pueblo mediante elecciones, y que tienen la misión de expresar la voluntad popular a través de la elaboración de normas jurídicas y de la integración entre las diversas instituciones del Estado.
La palabra “parlamento” como tal proviene del francés parlement, del verbo parler que significa hablar; y se extiende el concepto a la reunión de representantes del pueblo donde se discuten y abordan los temas de interés público.
Pero últimamente, en España, los parlamentos están adquiriendo una forma de funcionar inusual que nada se corresponde a lo que realmente debería ser un Parlamento. Estamos viendo como los diferentes representantes de todos los grupos parlamentarios utilizan las cámaras para hacer discursos ya preparados de casa con lemas y eslóganes perfectos para los titulares de la prensa del día siguiente, y con un pequeño toque de populismo que solo tienen como intención contentar al votante.
No estamos viendo en las sesiones parlamentarias esos elaborados debates sobre cuestiones fundamentales para la nación como pueden ser la educación, la sanidad o el empleo, no. Lo que estamos viendo son constantes ataques de diputados hacia otros sobre temas de poca irrelevancia, muchas veces personales, que al votante y a la ciudadanía de nada le incumbe.
¿Realmente creen que a los ciudadanos les interesa constantemente escuchar que un diputado llama “golpista” a otro diputado, y éste “facista” al otro? La realidad es que hay intervenciones de 5 minutos donde esos términos aparecen más de 10 veces. Y es una vergüenza.
El pasado miércoles, en el Congreso de los Diputados, se llevó a cabo una sesión plenaria bastante inusual marcada por insultos y desprecios que creo que la ciudadanía española pudo sentirse avergonzada por sus representantes, y me incluyo. Se está obviando el diálogo y la palabra y sobreponiendo los intereses personales y las relaciones entre las señorías por encima de los intereses nacionales y los problemas de la gente. ¿Dónde se ha visto nunca que un diputado, sea del color que sea, le escupa a un ministro, además en el Congreso, la que debe ser la casa de la palabra, el respeto y la tolerancia? ¿Qué le hubiera pasado a un ciudadano si hubiera escupido a un ministro en la calle? Hubiera sido detenido seguro. El del parlamento se fue de rosas.
¿A dónde queremos llegar? Los ciudadanos no votamos a los representantes para que se escupan los unos a los otros ni se insulten en intervenciones de 5 min. Aprovechen, señorías, sus 5 minutos de intervención para abordar las cuestiones que más preocupan a los ciudadanos: los que no llegan a final de mes, los que merecen una educación mejor y adaptada a nuestro siglo, los que tengan una sanidad pública y de calidad garantizada.
En definitiva, creo personalmente que debe haber una transformación profunda de la clase política. Nos quejamos de que cada vez son más los jóvenes que pasan de la política, pero es normal. ¿Cómo vamos a convencer a los jóvenes de que deben participar en política si lo único que ven son insultos y escupitajos? Su posición la puedo entender perfectamente. Sin duda el cambio político no llegó, y mientras sigamos teniendo a personas que dicen representar a los ciudadanos pero sobreponen sus discusiones y intereses personales por encima de la gente, entonces no llegará nunca el cambio político, ergo no avanzaremos hacia un país más democrático y más tolerante.