El pasado domingo se celebró en Vistalegre un acto multitudinario organizado por el nuevo partido político español VOX, un partido xenófobo, homófobo y que exalta los valores más conservadores y racistas que pensábamos que habíamos podido haber dejado atrás hace tiempo. Pero resulta que no, ya que no se trataba de unos cuantos fanáticos, sino de unas 10.000 personas que no quisieron perderse tal acto.

El ascenso de este partido de ultraderecha es una confirmación de que, tal como anuncian las encuestas, la ultraderecha puede tener representación y escaños en las próximas elecciones tanto municipales y autonómicas, como en unas posibles elecciones generales si éstas se anticiparan.

El presidente de la formación, Santiago Abascal, el “héroe” de la “España viva” como definen sus militantes, defienden un discurso contrario a la inmigración, reivindicando la recuperación del control de las fronteras nacionales y proponiendo la supresión de las autonomías, una contradicción monumental, ya que en muchas comunidades VOX tiene un proyecto creado para presentarse a las próximas elecciones municipales y autonómicas, claro ejemplo el de ACTÚA Baleares – VOX, con Jorge Campos a la cabeza.

El discurso que traslada a la opinión pública y con el que trata de ganarse a sus simpatizantes es, sin duda, el populismo. Es un discurso simple, comprensible para cualquiera debido a su escasa densidad intelectual. Contrapone a los ricos con los pobres, las élites con las clases populares, los extranjeros con los de sangre nacional pura, o los musulmanes con los cristianos.

Utilizan el miedo y la incertidumbre de muchos ciudadanos, proponen medidas drásticas como mencionaba antes con la supresión de las autonomías o la misma ley contra la violencia de género; y se remite siempre a valores nacionalistas de sentimiento patriótico, tradicionales y muy conservadores. Es contrario a las reclamaciones feministas, firme defensor del modelo tradicional cristiano de familia y no tolera el aborto.

VOX es la versión española ultraderechista del republicanismo de Donald Trump en Estados Unidos. Y estos movimientos, al igual que aparecen en otros países europeos como el Frente Nacional de Le Pen en Francia, o Alternativa para Alemania, solo tienen un solo objetivo: imponer una ideología que es minoritaria entre los ciudadanos y que pretenden quebrantar y destruir la democracia y la libertad.

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