¡Y tocó la educación!

¡Y tocó la educación!

Parecía extraño pero no lo era. Simulaba ser una bomba de humo, pero no lo fue. Se intuía como un aviso, pero dejó de serlo. Todos pensábamos que no, pero sí: llegó el día en que el “Govern del Pacte i de la gent” se metió en un limbo que poco se imaginaría lo que podría provocar en el sector educativo, especialmente en la enseñanza de las “escoletes”.

Fina Santiago, flamante defensora de los derechos humanos y causas sociales, hizo bandera (aunque durante cuatro días) de una decisión muy impopular, que según los entendidos en la materia permitía que se regulasen los espacios considerados como guarderías, con la finalidad de permitirles el lujo de considerarlas en una categoría muy parecida a la de “escoleta”. Esta medida generó gran rechazo por parte del colectivo de profesores 0-3 años en menos de una semana.

No me quiero ni imaginar si esto lo hubiese hecho un gobierno de derechas y liberal la que se habría podido armar. Pero en fin, parece que a la izquierda le “pone” más anunciar una medida que ponga hasta a sus propios seguidores en contra, aunque para evitar que se caldee el ambiente, se convoque a los sectores afectados a una “mesa de diálogo y participación” de esas que se han puesto de moda hoy en día. Sí, esas que solo sirven para hacerse una foto y decir que se está negociando.

La “nueva” política prefiere suspender temporalmente la polémica decisión para no sufrir un desgaste más que anunciado. ¡Virgencita, virgencita, que me quede como estoy!

En fin, las preguntas estrella a la que se debería responder partiendo de la afirmación “una guardería low cost permitirá que más niños puedan ser escolarizados en la etapa 0-3 años” es la siguiente: ¿cuáles van a ser las garantías para que los padres puedan asegurarse de que estas low cost también tienen un proyecto pedagógico? Y ¿qué requisitos van a pedirse para trabajar en estas guarderías con tal de que no se minusvaloren a todos los titulados en educación?

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